Efluvio telógeno: reconocer una caída que va a pararse
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Se os cae el pelo a puñados desde hace unas semanas y nada de lo que habéis vivido últimamente parece explicarlo. En la mayoría de los casos se trata de un efluvio telógeno: un desajuste pasajero del ciclo capilar que manda a reposo a una proporción anormal de folículos al mismo tiempo. El nombre asusta. El mecanismo, en cambio, se revierte casi siempre.
Recibimos a estos pacientes cada semana en Estambul, convencidos de estar entrando en una calvicie. Nuestro primer trabajo no es proponer una operación. Es resolver una sola pregunta: esta caída va a pararse sola, o tenéis delante una pérdida que no se va a parar.
Un ciclo capilar que se da la vuelta de golpe
Un cabello vive según un ciclo de tres tiempos: la fase anágena de crecimiento activo, la breve fase catágena de transición y después la fase telógena, la del reposo y la caída. En condiciones normales la inmensa mayoría de vuestro pelo está creciendo, y solo una pequeña fracción descansa.
El efluvio telógeno invierte ese equilibrio. Bajo el efecto de un choque, una masa de folículos abandona el crecimiento antes de tiempo y pasa a reposo de forma sincronizada. Por eso caerán también de forma sincronizada. Lo normal es perder alrededor de 80 a 100 cabellos al día. Durante un efluvio esa cifra supera a menudo los 200, y a veces bastante más.
Quedaos con esto: el folículo no está destruido, está dormido. Es justo lo que separa esta caída difusa de la alopecia de patrón, donde el folículo se agota y luego desaparece para siempre.
El desfase de dos o tres meses, la firma del cuadro
Esto es lo que engaña a casi todo el mundo, a los pacientes y a veces también a los médicos. La caída no llega en el momento del choque. Llega dos o tres meses después.
El folículo que ha pasado a reposo mantiene su cabello sujeto un tiempo antes de soltarlo. Resultado: cuando la caída se hace visible, el suceso desencadenante ya queda lejos. Os habéis recuperado de la gripe, la cirugía ya cicatrizó, la dieta terminó. La conexión ya no se hace sola.
Entonces se busca una causa en el presente. Un champú que se cambió, el agua del grifo, un tinte. Y se pasa de largo ante el verdadero culpable, que está en el trimestre anterior. En consulta repasamos siempre el calendario de los cuatro a seis meses previos. Ahí suele aclararse todo.
Los desencadenantes que encontramos de verdad
Un choque físico importante
Un parto, una cirugía con anestesia general, una fiebre alta durante una infección: el cuerpo pone el capital capilar en pausa para ahorrar recursos. La caída posparto es el caso más frecuente y el mejor documentado, y se resuelve casi siempre por sí sola.
Un estrés intenso o prolongado
Un duelo, un despido, meses de sobrecarga. El vínculo entre el estrés y la pérdida de pelo es real, pero actúa con el mismo retraso que los demás desencadenantes. Una caída que empieza al día siguiente de una mala noticia probablemente tenga otro origen.
Una pérdida de peso rápida o un déficit de hierro
Una dieta muy restrictiva, una cirugía de la obesidad, un tratamiento adelgazante: vemos con regularidad caídas de pelo que siguen a una bajada de peso rápida. El déficit de hierro, por su parte, aparece una y otra vez en la literatura. En una serie de más de 3.000 pacientes figuraba entre las alteraciones analíticas encontradas con mayor frecuencia (Yorulmaz et al., 2021). La alimentación antes y después de un injerto responde a la misma lógica: el folículo necesita materiales.
Un trastorno de tiroides
Tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo desajustan el ritmo del folículo. Aun así, el vínculo es menos sistemático de lo que suele contarse: un estudio retrospectivo de 2024 concluye que la disfunción tiroidea solo explica una minoría de los efluvios (Bin Dayel et al., 2024). Hay que buscarla, no darla por hecha.
Los vaivenes hormonales
Dejar un anticonceptivo, una menopausia que se instala, un tratamiento hormonal modificado. Los folículos sensibles a las hormonas reaccionan a esos giros, y la alopecia tras la menopausia es la forma en que ese cambio se vuelve duradero en algunas mujeres.
Ciertos medicamentos
Anticoagulantes, retinoides, betabloqueantes, antidepresivos. La lista es larga y el efecto depende de cada persona. No modifiquéis nunca una prescripción por vuestra cuenta: comentad el síntoma con quien os la recetó, que valorará si existe una alternativa.
Agudo o crónico: dos historias distintas
El efluvio agudo dura menos de seis meses. Un desencadenante identificable, una caída franca y después una parada espontánea. El crecimiento arranca a continuación, y hacen falta varios meses hasta que la densidad vuelve a ser la de antes. Se hace largo, pero el desenlace es bueno.
El efluvio crónico es otra cosa. La caída se instala y dura más allá de seis meses, a veces años, muchas veces sin un desencadenante único. Afecta sobre todo a mujeres (Karakoyun et al., 2025). Aquí hay un factor que persiste: un déficit sin corregir, un trastorno metabólico, un agotamiento que no se resuelve. Mientras ese factor aguante, la caída aguanta con él.
La analítica que hay que pedir, y por qué
Antes de cualquier tratamiento hacen falta cifras. El panel útil es corto y vuestro médico de cabecera puede solicitarlo.
La ferritina primero, que mide las reservas de hierro y no solo el hierro circulante. Después la TSH, para la tiroides. Y un hemograma completo, que detecta una anemia. Según el contexto, la vitamina D y el zinc se añaden con criterio: un estudio de 2024 sobre el estado bioquímico completo de pacientes con efluvio encontró déficits frecuentes de ferritina y de vitamina D (Durusu Turkoglu et al., 2024).
Esta analítica tiene otra virtud. Evita tomar a ciegas vitaminas para el pelo durante seis meses sin saber si están cubriendo algo. Corregir un déficit real cambia la trayectoria. Suplementar a quien no tiene ninguno no cambia nada.
Efluvio o alopecia androgenética: la pregunta que lo decide todo
Es el núcleo de nuestro oficio, y es donde un cirujano aporta algo que un artículo de belleza no puede aportar. Porque la respuesta determina si un injerto tiene sentido o no lo tiene en absoluto.
El efluvio es difuso. La pérdida se reparte por todo el cráneo, incluida la parte de atrás, y la línea frontal se mantiene en su sitio. Los cabellos que caen tienen un calibre normal.
La alopecia androgenética, en cambio, dibuja. Excava las entradas, ataca la coronilla, respeta la banda posterior. Y sobre todo miniaturiza: en la zona afectada el pelo se vuelve más fino y más corto antes de desaparecer. Es lo que buscamos con lupa de aumento, y es el signo más fiable que existe. La escala Norwood-Hamilton sirve precisamente para situar esa progresión dibujada, que un efluvio no produce jamás. En la mujer, la alopecia androgenética femenina es más difícil de distinguir, porque también se reparte.
Cuando un efluvio destapa una calvicie que avanzaba en silencio
El caso es más frecuente de lo que se imagina, y nadie habla de él. Un paciente atraviesa un efluvio. La caída masiva vacía el cuero cabelludo de golpe. Y deja al descubierto una alopecia androgenética que llevaba años avanzando con discreción, tapada por la densidad que quedaba.
El efluvio se para, como estaba previsto. Pero el pelo no vuelve al nivel anterior, porque una parte del capital ya se había perdido. El paciente cree entonces que el efluvio ha causado su calvicie. No la ha causado: la ha destapado.
De ahí nuestra regla. No concluimos nada sobre una cabeza en plena caída. Pedimos un plazo, el que necesite el efluvio para terminar, y luego reevaluamos sobre una base estable. Solo en ese momento se puede decir si existen contraindicaciones para el injerto capilar y sobre qué superficie trabajar.
Lo que acompaña de verdad al crecimiento
Tratar un efluvio es, ante todo, tratar su causa. Corregid el déficit, equilibrad la tiroides, dejad que el cuerpo se recupere del choque. El resto es acompañamiento.
El minoxidil en aplicación tópica puede acortar el tramo difícil reactivando folículos dormidos. Se usa con indicación médica, y a veces provoca un empeoramiento pasajero de la caída durante las primeras semanas, algo que desanima a quien no ha sido avisado. Forma parte de los tratamientos para la alopecia que tienen respaldo, a diferencia de mucho de lo que se vende.
Una alimentación que aporte suficientes proteínas y hierro sostiene la fabricación del cabello. Dormir bien y bajar la carga de estrés también ayudan, sin milagros: retiran el factor que mantiene el problema, no hacen crecer más rápido.
Por qué nos negamos a injertar un efluvio
Un injerto traslada folículos vivos desde una zona duradera hacia una zona que ya no los tiene. Es el tratamiento más duradero de la alopecia androgenética, porque en ese caso los folículos de la zona receptora han desaparecido de verdad.
En un efluvio vuestros folículos están todos ahí. Duermen. Implantar injertos en un cuero cabelludo en plena tormenta hormonal o metabólica no aportaría nada: los injertos sufrirían el mismo desajuste que el resto, y habríais gastado una zona donante que no se reconstituye. Un equipo que os ofrece una intervención durante una caída activa no está leyendo vuestro historial.
Nuestra postura cabe en una frase: se opera una pérdida definitiva, nunca una pérdida en curso. Si dudáis de lo que estáis viviendo, dejaos examinar por un profesional que se tome el tiempo de la lupa y del calendario. Nuestro equipo dedica a esa criba sus consultas de trasplante capilar en Turquía, y no es raro que mandemos a alguien a casa con una petición de análisis en vez de una fecha de quirófano.
Fuentes
Yorulmaz, A., Hayran, Y., Ozdemir, A. K., Sen, O., Genc, I., y Gur Aksoy, G. (2021). Telogen effluvium in daily practice: Patient characteristics, laboratory parameters, and treatment modalities of 3028 patients with telogen effluvium. Journal of Cosmetic Dermatology, 21(6), 2610-2617. https://doi.org/10.1111/jocd.14413
Durusu Turkoglu, I. N., Turkoglu, A. K., Soylu, S., Gencer, G., y Duman, R. (2024). A comprehensive investigation of biochemical status in patients with telogen effluvium. Journal of Cosmetic Dermatology, 23(12), 4277-4284. https://doi.org/10.1111/jocd.16512
Bin Dayel, S., Hussein, R. S., Atia, T., Abahussein, O., Al Yahya, R. S., y Elsayed, S. H. (2024). Is thyroid dysfunction a common cause of telogen effluvium? A retrospective study. Medicine, 103(1), e36803. https://doi.org/10.1097/MD.0000000000036803
Karakoyun, Ö., Ayhan, E., y Yıldız, İ. (2025). Retrospective review of 2851 female patients with telogen effluvium: A single-center experience. Journal of Cosmetic Dermatology, 24(2). https://doi.org/10.1111/jocd.70037