El ciclo capilar: por qué el pelo crece, se cae y vuelve a salir
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Un cabello no crece indefinidamente. Se alarga durante unos años, se detiene, descansa y después cae para dejar sitio a su relevo. Ese vaivén tiene nombre: el ciclo capilar. Se juega en cada folículo por separado, esa pequeña bolsa de piel que fabrica el pelo, y gira en bucle desde que nacisteis.
Entender el mecanismo cambia bastantes cosas cuando uno se preocupa por una caída. Algunas pérdidas son el funcionamiento normal del ciclo. Otras avisan de que se ha desajustado, o de que se está agotando. Y distinguirlas se hace con criterios precisos, no a ojo.
El folículo, la fábrica que produce el cabello
El cuero cabelludo tiene alrededor de 100.000 folículos pilosos. Cada uno es una cavidad en forma de tubo, anclada en la dermis, la capa profunda de la piel. En su base está el bulbo, y dentro de ese bulbo una estructura llamada papila dérmica: es ella la que recibe la sangre, y por tanto los nutrientes, y la que da la orden de fabricar pelo o de parar.
Lo que veis y peináis, el tallo, es materia muerta. Queratina, una proteína fibrosa, apilada y endurecida. Todo lo que cuenta ocurre bajo la superficie, dentro del folículo. Por eso un champú no cambia un ciclo: trabaja sobre la parte ya fabricada.
Tres fases, y un cabello que se suelta
El ciclo capilar transcurre en tres fases sucesivas, siempre en el mismo orden, y luego vuelve a empezar. Las duraciones que siguen son las que maneja la clínica.
La fase anágena: el crecimiento
Es la fase activa, y con diferencia la más larga: 2 a 5 años. Las células del bulbo se dividen a gran velocidad y el tallo se alarga alrededor de un centímetro al mes. Lo que dura esta fase es en gran medida genético, y es lo que fija la longitud máxima que vuestro pelo puede alcanzar. Quien tenga una anágena de dos años nunca tendrá el pelo muy largo, por muchos cuidados que ponga.
En un momento dado, cerca del 90 % de los cabellos del cuero cabelludo están en anágena (Natarelli et al., 2023). Ese desequilibrio masivo a favor del crecimiento es lo que da la sensación de una melena estable.
La fase catágena: la transición
Un intermedio breve de 2 a 3 semanas. El folículo deja de producir, se retrae hasta cerca de una sexta parte de su longitud, y la unión entre el bulbo y la papila dérmica se rompe. El cabello ya no crece. Sigue ahí, pero está desconectado de su suministro.
La fase telógena: el reposo
Dura 2 a 4 meses. Durante mucho tiempo se habló de latencia, y era un error: el folículo en telógena permanece en vigilia activa y responde a las señales de su entorno, listo para arrancar otro ciclo (Geyfman et al., 2015). El cabello, por su parte, todavía aguanta, pero ya nada lo alimenta.
La fase exógena: la expulsión
La expulsión del cabello muerto tiene nombre propio, la fase exógena, y se dispara al final de la telógena. El pelo se suelta y se va, muchas veces empujado por el nuevo que ya asoma en el mismo folículo. Perder 50 a 100 cabellos al día es esta etapa funcionando bien, no un síntoma. En la almohada, en el plato de ducha, en el cepillo: ahí es donde aparecen.
Cada folículo lleva su propio calendario
Este es el punto que casi nadie conoce, y explica todo lo demás. Los folículos no están sincronizados. El vecino de vuestra raya puede estar en pleno crecimiento mientras el siguiente lleva seis semanas en reposo. Cada folículo cicla de forma independiente de los demás, y eso mantiene la densidad global más o menos constante pese a la renovación permanente (Harrison y Bergfeld, 2009).
Si los folículos estuvieran sincronizados, perderíamos la melena de golpe cada tres o cuatro años, como un animal que muda. No es lo que pasa. La caída queda diluida, invisible, repartida. Y justo porque suele ser invisible, una caída que se vuelve visible merece tomarse en serio.
Cuando el ciclo se desajusta
Detrás de la mayoría de las caídas hay dos mecanismos muy distintos, y confundirlos lleva a decisiones malas.
El efluvio telógeno: un vuelco masivo y temporal
Un choque para el organismo puede hacer que una gran cantidad de folículos pase de golpe de anágena a telógena. Dos o tres meses después, todos esos cabellos llegan juntos a la fase exógena y caen a la vez. Es el efluvio telógeno. El desfase explica por qué los pacientes casi nunca relacionan su caída con el suceso que la disparó: ya queda lejos.
Los desencadenantes habituales son una cirugía, una fiebre alta, una dieta restrictiva, un parto. La caída posparto es el ejemplo más legible de todos. La buena noticia es que los folículos no están dañados, simplemente se han ido todos a dormir a la vez. El ciclo se reanuda.
La miniaturización androgenética: una deriva definitiva
Aquí el mecanismo es otro. Bajo el efecto de la dihidrotestosterona, un derivado de la testosterona, los folículos genéticamente sensibles ven cómo su fase anágena se acorta ciclo tras ciclo. Cada cabello nuevo sale un poco más fino, un poco más corto, un poco menos pigmentado, hasta quedarse en vello y después en nada. Es lo que se llama miniaturización, y es el mecanismo central de la alopecia androgenética (Cuevas-Diaz Duran et al., 2024). La sensibilidad a esa hormona es hereditaria, y en la mujer la alopecia androgenética femenina sigue el mismo mecanismo con un reparto distinto.
Esto no es un efluvio. Nada se recupera solo. La pérdida de densidad se instala siguiendo un dibujo reconocible, graduado por la escala Norwood-Hamilton, y forma parte de lo que agrupamos bajo el término alopecia.
Los otros factores que pesan sobre el ciclo
Las hormonas tiroideas marcan la velocidad a la que se renuevan las células del bulbo. Un desequilibrio, en un sentido o en el otro, se lee en el pelo: el hipotiroidismo y el hipertiroidismo alteran directamente el ritmo del folículo.
El aporte nutricional también cuenta, porque la fase anágena es una obra metabólica exigente en materiales. El hierro encabeza la lista de carencias observadas, y un déficit se traduce rápido en caída. Una falta de vitamina D es otro sospechoso frecuente. Cuidado, eso sí: tomar vitaminas para el pelo sin carencia demostrada no sirve de nada, mientras que cuidar la alimentación alrededor de un injerto sí cambia las condiciones de trabajo del folículo.
Algunos medicamentos bloquean la división celular y golpean por tanto al folículo en plena anágena. Los tratamientos de quimioterapia son el caso más conocido, con una caída rápida y masiva, pero reversible tras el fin del tratamiento.
Las tensiones mecánicas repetidas dañan el folículo desde fuera. Trenzas apretadas, extensiones y moños tirantes llevados durante años acaban provocando una alopecia por tracción, a menudo a lo largo de la línea frontal y por encima de las orejas. Detectada pronto, retrocede. Detectada tarde, el folículo se pierde.
El estrés crónico, por último, está entre las señales que empujan a los folículos hacia la telógena. El vínculo no es una creencia de peluquería, está documentado. También se observa una caída estacional más marcada a finales de verano y en primavera, ligada a las variaciones hormonales que siguen a la exposición a la luz.
Un folículo no tiene un número infinito de ciclos
Es el límite del que rara vez se habla. Un folículo piloso no vuelve a empezar eternamente: atraviesa del orden de 10 a 30 ciclos a lo largo de una vida (Harrison y Bergfeld, 2009). Al final se agota y deja de producir.
Eso aclara dos cosas. Primero, por qué la densidad baja de forma natural con la edad, incluso sin alopecia. Segundo, por qué la miniaturización androgenética hace tanto daño: al acortar cada anágena, quema ese capital de ciclos mucho más rápido de lo previsto. El folículo llega al final del recorrido a los cuarenta en lugar de a los setenta.
Y una vez apagado el folículo, ningún tratamiento lo vuelve a encender. El tejido está fibrosado, ya no queda estructura que estimular. Por eso el calendario cuenta tanto como el tratamiento elegido, y por eso los tratamientos para la alopecia funcionan mejor cuanto antes se empiezan.
Haceos leer el ciclo antes de decidir nada
Una caída se diagnostica, no se adivina. En consulta, el examen del cuero cabelludo con cámara de aumento, la tricoscopia, mide el diámetro de los tallos y la proporción de pelo fino por zona. Es lo que permite separar un efluvio que va a pasar de una miniaturización que avanza.
Cuando la miniaturización ya está avanzada en una zona, el injerto sigue siendo el tratamiento más duradero de la alopecia androgenética. Su lógica descansa por entero en el ciclo capilar: los folículos de la zona donante, en la parte de atrás de la cabeza, no son sensibles a la DHT. Trasladados a la parte alta, conservan su propio programa y siguen ciclando con normalidad.
Dicho esto, no todos los cueros cabelludos se prestan, y la página sobre el trasplante de pelo detalla los criterios. Lo más sencillo es comprobar de antemano si existen contraindicaciones para el injerto capilar: una caída activa sin estabilizar, por ejemplo, se trata primero por vía médica. Con el Dr. Emrah Cinik, cada proyecto de trasplante capilar en Turquía empieza por esta lectura del ciclo, zona por zona.
Una última palabra sobre las duraciones. La literatura científica da horquillas más amplias que las usadas aquí, hasta 8 años para la anágena según la publicación. Esas diferencias vienen de las poblaciones estudiadas y de los métodos de medida. El orden de magnitud, en cambio, no se mueve: años de crecimiento, unas semanas de transición, unos meses de reposo.
Fuentes
Natarelli, N., Gahoonia, N., y Sivamani, R. K. (2023). Integrative and Mechanistic Approach to the Hair Growth Cycle and Hair Loss. Journal of Clinical Medicine, 12(3), 893. https://doi.org/10.3390/jcm12030893
Harrison, S., y Bergfeld, W. F. (2009). Diffuse hair loss: Its triggers and management. Cleveland Clinic Journal of Medicine, 76(6), 361-367. https://doi.org/10.3949/ccjm.76a.08080
Geyfman, M., Plikus, M. V., Treffeisen, E., Andersen, B., y Paus, R. (2015). Resting no more: re-defining telogen, the maintenance stage of the hair growth cycle. Biological Reviews, 90(4), 1179-1196. https://doi.org/10.1111/brv.12151
Cuevas-Diaz Duran, R., Martinez-Ledesma, E., Garcia-Garcia, M., Bajo Gauzin, D., Sarro-Ramírez, A., Gonzalez-Carrillo, C., Rodríguez-Sardin, D., Fuentes, A., y Cardenas-Lopez, A. (2024). The Biology and Genomics of Human Hair Follicles: A Focus on Androgenetic Alopecia. International Journal of Molecular Sciences, 25(5), 2542. https://doi.org/10.3390/ijms25052542