Alopecia frontal fibrosante: detectar el retroceso de la línea frontal antes de que se instale

La frente se despeja despacio, en una banda regular, y la línea del pelo sube un centímetro. Luego dos. En muchas mujeres, sin embargo, el primer cambio no está ahí: son las cejas, que se aclaran a veces meses antes de que la frente se mueva. La alopecia frontal fibrosante avanza sin hacer ruido, y eso es justo lo que dificulta cogerla a tiempo.

Pertenece a la familia de las alopecias cicatriciales, una categoría aparte dentro de las distintas formas de caída del cabello. Lo que eso implica es duro y sencillo a la vez: en la zona afectada, la pérdida es definitiva. Nada devuelve lo que ya se ha ido. El objetivo del tratamiento se desplaza entonces hacia otro sitio, hacia detener la progresión.

Una inflamación que destruye el folículo piloso

Descrita por primera vez en 1994, la alopecia frontal fibrosante se considera hoy una forma particular del liquen plano pilar, una enfermedad inflamatoria del cuero cabelludo en la que las defensas inmunitarias atacan al folículo piloso, la pequeña bolsa de piel que fabrica el pelo.

La inflamación se concentra en la parte alta del folículo. Lo daña y después lo sustituye por tejido fibroso, una especie de cicatriz. El resultado se ve a simple vista: la piel de la frente queda lisa, algo brillante, a menudo más pálida, y los pequeños puntos por los que salía el pelo han desaparecido. Ese detalle importa. Mientras los orificios siguen visibles, el folículo todavía existe.

Infografía comparativa de folículos pilosos, con la etiqueta SALUDABLE sobre unos folículos bien anclados en la dermis y la etiqueta NO SALUDABLE sobre unos folículos degradados y ralos

Por qué el pelo ya no vuelve a crecer en la zona afectada

El pelo vive por ciclos. Crece durante varios años, se detiene unas semanas, cae, y un tallo nuevo arranca del mismo folículo. Ese es el ciclo capilar, y se repite en bucle toda la vida.

Infografía del ciclo del cabello en tres fases, con la duración de la fase anágena de crecimiento, de la fase catágena de detención y de la fase telógena de caída

En la alopecia frontal fibrosante se destruye la zona del folículo que alberga las células madre. El ciclo no vuelve a arrancar. Ahí está toda la diferencia con la alopecia androgenética, donde el folículo se debilita y se miniaturiza pero sigue vivo, lo que deja margen a los tratamientos médicos de la caída del cabello. Aquí ya no queda nada que despertar.

El retroceso en banda, lo que la distingue de una calvicie común

La calvicie masculina abre entradas a ambos lados de la frente y deja un pico central. La alopecia frontal fibrosante hace justo lo contrario: retrocede en banda regular y simétrica, en toda su anchura, como si la línea de implantación hubiera sido empujada en bloque hacia atrás. La frente parece más alta y más ancha, y el retroceso se prolonga a menudo por encima de las orejas, a veces hasta las sienes.

Primer plano de la frente de una mujer cuya línea de implantación ha retrocedido, dejando una banda de piel desnuda por encima del pelo restante

Dos señales acompañan con frecuencia ese retroceso. Unos pequeños bultos rugosos alrededor del pelo que queda, en el límite de la zona afectada. Y picor o sensación de quemazón, discretos pero tenaces, que las pacientes tardan a veces meses en relacionar con su caída de pelo. También es típico un pelo aislado que se queda solo, por delante de la nueva línea.

Las cejas: la referencia más útil para cogerla pronto

Es el punto que conviene retener. En buena parte de las pacientes, las cejas se aclaran antes de que la frente cambie, empezando por la parte externa. Se vuelven ralas y a veces desaparecen del todo.

Mirada de una mujer cuyas cejas, muy ralas, están redibujadas a lápiz

Una ceja que se despuebla sin motivo evidente, a partir de los 45 años, merece una valoración dermatológica. No dentro de seis meses: ahora. Es la ventana en la que un tratamiento todavía puede preservar una línea frontal intacta. Un injerto de cejas podrá plantearse más adelante, una vez calmada la enfermedad, pero no resuelve la cuestión del cuero cabelludo.

Otras zonas con pelo pueden verse afectadas: pestañas, vello facial, axilas.

Rojeces y pequeños bultos en la cara

La rosácea, una afección cutánea crónica que provoca rojeces en las mejillas y la nariz, se observa en estas pacientes con más frecuencia que en la media. También se describen pequeñas pápulas del color de la piel en las sienes, fáciles de confundir con una imperfección cualquiera.

Mejilla de una mujer con rojeces difusas y finos vasos dilatados, típicos de una rosácea

Estas señales no bastan por sí solas para el diagnóstico. Orientan.

A quién afecta, y por qué aumenta el número de casos

Las mujeres después de la menopausia forman la inmensa mayoría de los casos, casi siempre a partir de los 50 años. La relación con las hormonas se sospecha con fuerza, aunque no está demostrada. Un estudio europeo sobre 490 pacientes confirmó ese predominio femenino y posmenopáusico.

Esto no excluye a nadie. Hay mujeres más jóvenes afectadas, y también hombres, con menos frecuencia. En ellos, la afectación de las patillas y de la barba acompaña a menudo al retroceso frontal.

Frente de un hombre con una zona despoblada irregular por detrás de la línea de implantación

Lo más llamativo sigue siendo el claro aumento del número de casos desde hace treinta años, en todos los países donde se hace seguimiento. Un mejor reconocimiento de la enfermedad explica una parte de esa subida. El resto se discute, y no hay ninguna causa única establecida. En la práctica cambia sobre todo una cosa: ante una caída de pelo en una mujer, este diagnóstico ya debe plantearse.

El diagnóstico se hace con dermatoscopio, a veces con biopsia

El dermatoscopio es una pequeña lupa iluminada que se apoya sobre el cuero cabelludo. Aumenta la piel y muestra tres cosas decisivas: la desaparición de los orificios foliculares, una descamación en manguito alrededor del pelo que aún queda y un enrojecimiento discreto en su base. Ese trío es el que retiene un estudio multicéntrico de la Sociedad Internacional de Dermatoscopia (Starace et al., 2022). Es la prueba de primera intención, indolora, hecha en consulta.

Cuando el cuadro sigue siendo ambiguo, el dermatólogo toma un fragmento de cuero cabelludo de unos milímetros con anestesia local. El análisis al microscopio zanja la cuestión: muestra el infiltrado inflamatorio característico y la fibrosis. Este paso permite además descartar otras causas de retroceso frontal, en particular la alopecia por tracción, ligada a los peinados tirantes, cuyo aspecto puede engañar, o una alopecia posmenopáusica de origen hormonal.

Frenar la progresión, el objetivo realista

Ningún tratamiento cura la alopecia frontal fibrosante y ninguno hace que vuelva a crecer el pelo perdido. Lo que se busca es frenar la inflamación para proteger los folículos todavía vivos, por detrás de la línea.

Los inhibidores de la 5-alfa-reductasa, entre ellos la finasterida, están entre los más utilizados en esta indicación y ofrecen las mejores tasas de estabilización publicadas. Los dermatólogos les asocian, según el caso, corticoides tópicos, un antipalúdico de síntesis como la hidroxicloroquina, u otros inmunomoduladores. Los inhibidores de JAK, más recientes, son objeto de trabajos en curso. Todo esto pertenece estrictamente al terreno de la prescripción y del seguimiento médico.

Una buena noticia en medio de todo esto: la enfermedad suele acabar deteniéndose por sí sola tras varios años de evolución. No retrocede, pero deja de avanzar.

Injerto capilar: posible tras la estabilización, sin promesas excesivas

Es la pregunta que hacen casi todas las pacientes. Sí, un injerto puede volver a dibujar una línea frontal sobre una zona destruida por la alopecia frontal fibrosante. No, no es una intervención como cualquier otra.

El Dr. Cinik traza con rotulador la futura línea frontal en el cráneo de un paciente, con el peine en la mano

La primera condición no se negocia: la enfermedad debe llevar al menos dos años estabilizada, sin nuevo retroceso, sin rojez, sin picor. Injertar sobre un cuero cabelludo todavía inflamado equivale a implantar folículos en una zona que los va a destruir. Cualquier valoración seria empieza por ahí, igual que por repasar las contraindicaciones del trasplante capilar.

La segunda tiene que ver con la piel misma. Un cuero cabelludo fibroso es más rígido y está peor irrigado que uno sano, y la supervivencia de los injertos resulta más incierta.

Conviene ir más allá de esa prudencia de principio, porque la literatura es precisa. Una revisión de 2025 reunió 33 trabajos sobre 147 pacientes injertados por una alopecia cicatricial. El resultado global es más bien bueno, pero esconde diferencias considerables según la enfermedad: el liquen plano pilar sale muy bien parado, mientras que la alopecia frontal fibrosante del cuero cabelludo figura entre los subtipos con peores resultados (Queen y Avram, 2025). Esa misma revisión sitúa el umbral de estabilidad recomendado entre doce y veinticuatro meses. Nosotros nos quedamos con el límite alto, y ya sabe por qué.

Señala un último punto, que esta vez tiene que ver con el diagnóstico: 46 pacientes de su serie habían desarrollado una alopecia cicatricial después de haber sido injertados por lo que se creía una calvicie corriente. Es el argumento más fuerte a favor de un examen serio antes de cualquier intervención, incluso cuando el cuadro parece banal.

En ese contexto, algunos equipos realizan primero un injerto de prueba sobre una superficie pequeña y esperan un año antes de ir más lejos.

Implantación de injertos uno a uno con pinza en la línea frontal de un paciente, en quirófano

La extracción se hace en la corona posterior del cráneo, siguiendo las técnicas habituales de trasplante capilar. Hace falta además que la zona donante esté indemne, algo que no siempre ocurre, ya que la enfermedad puede alcanzarla también, aunque con menos frecuencia. En la mujer, la intervención se practica casi siempre sin rasurado completo, lo que facilita la vuelta a la vida normal: el trasplante capilar para mujeres tiene sus propios códigos.

Vista de cerca de los injertos implantados en la parte delantera del cráneo, justo después de la intervención

Una consulta de trasplante capilar en Turquía permite examinar la zona afectada, comprobar desde cuándo dura la estabilización y decir con claridad qué es razonable plantearse. Incluido, a veces, aconsejar que se espere todavía.

Fuentes

Kanti, V., Constantinou, A., Reygagne, P., Vogt, A., Kottner, J., y Blume-Peytavi, U. (2019). Frontal fibrosing alopecia: demographic and clinical characteristics of 490 cases. Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology. https://doi.org/10.1111/jdv.15735

Starace, M., Orlando, G., Iorizzo, M., Alessandrini, A., Bruni, F., y Piraccini, B. M. (2022). Clinical and dermoscopic approaches to diagnosis of frontal fibrosing alopecia: results from a multicenter study of the International Dermoscopy Society. Dermatology Practical y Conceptual. https://doi.org/10.5826/dpc.1201a80

Starace, M., Cedirian, S., Rapparini, L., Quadrelli, F., y Piraccini, B. M. (2024). Enhanced insights into frontal fibrosing alopecia: advancements in pathogenesis understanding and management strategies. Dermatology and Therapy. https://doi.org/10.1007/s13555-024-01186-0

Queen, D., y Avram, M. (2025). Hair transplantation in primary cicatricial alopecias: a review and update. Surgeries. https://doi.org/10.3390/surgeries6040080

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