La finasterida antes, durante y después de un injerto capilar
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Muchos hombres llegan a la consulta con una receta de finasterida en el bolsillo y una sola pregunta en la cabeza: la tomo o no. Nadie puede responder por ellos. Lo que sí puede hacer una clínica es poner sobre la mesa los hechos tal y como los describen las agencias del medicamento y la literatura científica.
La finasterida es un medicamento sujeto a prescripción, indicado en el hombre en una fase poco avanzada de alopecia androgenética. Este artículo informa, no recomienda nada. Una molécula que toca el equilibrio hormonal no se pide por internet, no se presta entre amigos y no se empieza sin un médico que le siga a lo largo del tiempo.
Lo que la molécula hace realmente en el cuero cabelludo
La finasterida bloquea una enzima llamada 5-alfa reductasa. Esa enzima transforma la testosterona en dihidrotestosterona, la famosa DHT, una hormona derivada que actúa directamente sobre los folículos. En los hombres genéticamente sensibles, la DHT acorta la vida de cada cabello. El folículo no muere de golpe. Se encoge, produce un pelo más fino, luego más corto, luego nada.
Al frenar esa conversión, el medicamento reduce la tasa de DHT en la sangre y en el cuero cabelludo en torno a un 60-70 % según el punto donde se mida. Eso explica el efecto sobre la caída. Y explica también los efectos adversos: la enzima que se bloquea no trabaja solo en la cabeza.
El ciclo capilar alterna una larga fase de crecimiento y una fase de reposo que termina con la caída. Bajo el efecto de los andrógenos en una persona predispuesta, la fase de crecimiento se acorta en cada ciclo. La finasterida ralentiza ese mecanismo. No lo suprime.
Hay un punto que condiciona todo lo demás: la finasterida protege el pelo que sigue vivo, no repuebla una zona que ya está despejada. Un folículo desaparecido hace años no vuelve por tomar un comprimido.
Lo que miden los ensayos, con cifras
La revisión sistemática de Mella y sus colegas reunió doce ensayos y cerca de 3.900 pacientes. Los hombres tratados declaraban con más frecuencia una mejora de su cabello que los que tomaban placebo, con un riesgo relativo de 1,81 a corto plazo. El recuento de cabellos, por su parte, progresaba de media un 9,4 % a los doce meses y un 24,3 % a los dos años frente al placebo.
Esas cifras describen una media, no una promesa individual. Algunos hombres estabilizan su densidad y se quedan ahí. Otros no ven nada. Y la misma revisión recuerda la otra cara del expediente: los efectos sobre la función sexual.
Un miligramo y cinco miligramos no son el mismo medicamento
La dosis de 1 mg, comercializada como Propecia y bajo varios genéricos, va dirigida a la alopecia androgenética masculina. La dosis de 5 mg, más conocida como Proscar, apunta a la hiperplasia benigna de próstata, una patología que no tiene nada que ver con el pelo. Desviar la dosis prostática para tratar una calvicie significa multiplicar por cinco una exposición cuya tolerancia individual se conoce mal. Es una mala idea, y ningún médico serio la propone.
La vía local, es decir una loción aplicada sobre el cuero cabelludo en lugar de un comprimido tragado, busca limitar el paso del producto al organismo entero. Los datos publicados son alentadores pero todavía escasos, y las preparaciones disponibles varían mucho de un país a otro. No es una versión sin riesgo del mismo tratamiento: es la misma molécula, que entra por otra puerta.
En la mujer la regla no es la misma
La finasterida no está indicada en la alopecia androgenética femenina, y una contraindicación absoluta enmarca su uso: está formalmente prohibida en la mujer embarazada o en edad fértil. La molécula interfiere con el desarrollo de los órganos genitales de un feto masculino.
Esa prohibición va más allá de no tomar el comprimido. Una mujer embarazada tampoco debe manipular un comprimido roto o triturado, porque el principio activo puede pasar a través de la piel. Los comprimidos intactos están recubiertos con película, lo que basta mientras sigan enteros. Una caja se guarda fuera del alcance, como cualquier otro medicamento teratógeno.
Los efectos adversos de la finasterida
Es la parte del expediente que hace dudar, y se lo merece.
En el terreno sexual, el metaanálisis de Lee y sus colegas reunió quince ensayos aleatorizados frente a placebo, casi 4.500 participantes. Concluye que el riesgo de disfunción sexual se multiplica por 1,66 con finasterida 1 mg: problemas de erección, descenso de la libido, trastornos de la eyaculación. En la gran mayoría de los casos notificados esos síntomas remiten al interrumpir el tratamiento.
Queda una zona que la literatura no resuelve. Un subgrupo reducido de pacientes describe síntomas que persisten tras la retirada, agrupados bajo el nombre de síndrome post-finasterida. Leliefeld y sus coautores enumeran los mecanismos planteados sin lograr establecer ninguno con certeza. Algunos investigadores discuten la existencia misma de la entidad. Otros la documentan. No vamos a zanjar aquí un debate que la ciencia no ha zanjado: nos limitamos a decir que existe, y que merece ponerse sobre la mesa antes del primer comprimido, no después.
El apartado psiquiátrico ha ido ganando peso en los últimos años. El 19 de junio de 2025 concluyó una reevaluación europea llevada a cabo por el PRAC, el comité de farmacovigilancia de la Agencia Europea de Medicamentos, y ratificada después por el CMDh. Sobre 325 casos recogidos en la base EudraVigilance, 313 de ellos relativos a la finasterida, la ideación suicida quedó confirmada como efecto adverso de la finasterida tanto a 1 mg como a 5 mg. En cambio no se estableció ningún vínculo para la dutasterida. Desde esa decisión, en los envases de finasterida 1 mg se incluye una tarjeta para el paciente, un recordatorio escrito de las señales que deben llevar a interrumpir el tratamiento y consultar.
Un último punto, olvidado a menudo en una consulta dermatológica y sin embargo decisivo en el hombre que va cumpliendo años: la finasterida hace bajar el valor del PSA, ese marcador sanguíneo que se utiliza en el cribado del cáncer de próstata. El ensayo de Andriole y sus colegas, realizado con la dosis prostática en más de 3.000 hombres, mostró que el valor medido debía multiplicarse por dos para volver a ser legible, y que con esa condición la determinación conservaba toda su utilidad para detectar un cáncer. La caída es menos marcada con la dosis capilar, pero existe. Lo que importa cabe en una frase: su urólogo tiene que saber que usted toma este tratamiento. No lo olvide nunca en una revisión.
Un medicamento que no se pide por internet
Las plataformas en línea que envían meses de tratamiento tras un formulario de tres preguntas no hacen medicina. Venden. Un antecedente depresivo, un proyecto de paternidad, una patología prostática, un tratamiento en curso: nada de eso se detecta en un cuestionario automático.
El seguimiento cuenta tanto como la prescripción inicial. Estado de ánimo, sueño, función sexual: son elementos que se reevalúan en cada consulta, y la retirada sigue siendo posible en cualquier momento. Conviene además conocer los efectos secundarios propios del injerto capilar, que son de otra naturaleza y se resuelven en las primeras semanas.
Alrededor de un injerto la finasterida cumple un papel preciso
Los prospectos no tratan nunca este punto. Y es justamente el que más vuelve en consulta.
Un injerto desplaza folículos extraídos de la zona donante, en la parte posterior del cráneo, hacia las regiones despobladas. Esos injertos son genéticamente insensibles a la DHT: no volverán a caer. Pero el pelo de origen que los rodea sí sigue siendo vulnerable. Si la caída continúa alrededor de la zona operada, el resultado se vacía al cabo de unos años y deja una franja de densidad en medio de un terreno que retrocede.
Es exactamente lo que midió el ensayo de Leavitt y sus coautores. En hombres operados, tratados cuatro semanas antes de la intervención y después durante un año, se observó una mejora visible del cabello frontal en el 94 % de los pacientes con finasterida frente al 67 % con placebo. El medicamento no hace crecer los injertos: protege lo que hay alrededor.
Existe una segunda situación, menos conocida. Un paciente joven, en plena caída activa, con el pelo afinándose por todas partes, no es un buen candidato quirúrgico: no se sabe dónde se detendrá su calvicie. Estabilizar la caída durante varios meses antes de la intervención cambia el planteamiento. El injerto capilar sigue siendo el tratamiento más duradero de la alopecia androgenética, pero se planifica sobre un terreno tranquilo. Un tratamiento médico bien llevado puede convertir así un caso rechazado en un caso operable. Las contraindicaciones del trasplante capilar merecen revisarse una a una antes de fijar una fecha.
La elección de la técnica, FUE, FUE manual o implantación directa, se discute después. Antes, dos elementos guían la decisión: su estadio en la escala de Norwood-Hamilton y la calidad de su reserva. Nuestro equipo médico lo evalúa a partir de fotografías.
Si la finasterida no es una opción para usted
El minoxidil sigue siendo la alternativa mejor documentada. Actúa de otra forma, prolongando la fase de crecimiento en lugar de tocar las hormonas, y se usa en aplicación local. Su perfil de efectos adversos también es distinto, con irritaciones del cuero cabelludo y a veces vello indeseado en el rostro.
Del lado de los bloqueadores naturales de la DHT, el saw palmetto y el aceite de ricino aparecen a menudo. El nivel de prueba no es comparable al de las moléculas reguladas, y nadie debería esperar de ellos que detengan una calvicie evolutiva. El repaso completo de los tratamientos para la alopecia ayuda a situar cada opción en su sitio, igual que entender los distintos tipos de alopecia antes de elegir.
Al final conviven dos lógicas. Un tratamiento médico mantiene lo que todavía aguanta, mientras se toma. Un trasplante capilar en Turquía devuelve densidad allí donde ya no queda nada, y ese resultado deja de depender de un comprimido diario. Muchos pacientes combinan ambas cosas, y suele ser la mejor manera de que un resultado envejezca bien. Háblelo con un médico, no con un foro.
Fuentes
Lee, S., Lee, Y. B., Choe, S. J., et Lee, W. S. (2018). Adverse sexual effects of treatment with finasteride or dutasteride for male androgenetic alopecia: A systematic review and meta-analysis. Acta Dermato-Venereologica. https://doi.org/10.2340/00015555-3035
Mella, J. M., Perret, M. C., Manzotti, M., Catalano, H. N., et Guyatt, G. (2010). Efficacy and safety of finasteride therapy for androgenetic alopecia: A systematic review. Archives of Dermatology, 146(10), 1141-1150. https://doi.org/10.1001/archdermatol.2010.256
Leavitt, M., Perez-Meza, D., Rao, N. A., Barusco, M., Kaufman, K. D., et Ziering, C. (2005). Effects of finasteride (1 mg) on hair transplant. Dermatologic Surgery, 31(10), 1268-1276. https://doi.org/10.1111/j.1524-4725.2005.31202
Leliefeld, H. H. J., Debruyne, F. M. J., et Reisman, Y. (2023). The post-finasteride syndrome: Possible etiological mechanisms and symptoms. International Journal of Impotence Research. https://doi.org/10.1038/s41443-023-00759-5
Andriole, G. L., Guess, H. A., Epstein, J. I., Wise, H., Kadmon, D., Crawford, E. D., et al. (1998). Treatment with finasteride preserves usefulness of prostate-specific antigen in the detection of prostate cancer: Results of a randomized, double-blind, placebo-controlled clinical trial. Urology, 52(2), 195-201. https://doi.org/10.1016/s0090-4295(98)00184-8